Bordeando el báltico en bicicleta

bordeando el baltico en bicicleta

Para mis últimos articulosParece que la mayor parte de mis aventuras han sido en Asia. No voy a engañar, celebración Carretera Khao San (Bangkok, Tailandia) es bonito, lindo buena; mas me agradaría compartir contigo otras experiencias.

Fue en dos mil trece, iba de intercambio y por vez primera estaba en un viaje tan largo por mi cuenta. Despegaría de la CDMX en Copenhague con una pequeña escala en Londres. No sabía qué empacar: el verano danés no se semeja mucho al verano mexicano, con lo que me sentí un tanto apabullado ...

En caso de duda, me ponía el "vestido en capas", con lo que sujetaba camisas frescas, suéteres ligeros y una chaqueta gruesa que acababa colgando en el piso más tiempo que cubriéndome del frío. Me despedí de la familia, examiné mis maletas y me embarqué en un sueño bastante difícil de imaginar.

El vuelo de la Urbe de México a Londres fue cómodo, el vuelo de la ciudad de Londres a Copenhague menos. Estaba tan cansada: no sabía quién era ni de qué manera me llamaba. A su llegada, el diferencia horaria Me jugó mal y no conté el dinero que me dieron en la casa de cambio. ¡Ahora no solo estaba agotado, sino más bien asimismo el setenta% de mi presupuesto!

Después de admitir que debía pagar dinero, establecí una agenda con los días gratis de los museos. Pese a que Copenhague es una urbe muy afable, sus distancias destruyen los pies, y como mi presupuesto no me dejaba abonar el metro, me resigné a no poder ni visitar los museos.

Cansada de estar encerrada y de charlar únicamente en inglés, decidí acudir a la única misa festejada en de España. Situado en la calle de Bredgade, la iglesia de Sacrificio de Cristo Redentor Se halla a unos metros de la Embajada de México. ¡Me sentí como en casa! Entré temprano y me senté en silencio en el fondo de la habitación.

Mientras aguardaba que comenzase la celebración, algo me instó a irme. Me sentí tan mal en la piel: ¿de qué manera no conté bien el dinero en el momento en que me lo dieron? Arrasado, me levanté y cuando decidí irme, una señora con acento de España me preguntó: "¿Deseas asistirnos a leer el Cántico?". Como buena ex- pupila del instituto de monjas, sabía que no podía rehusar la invitación; con lo que tomé mi pequeña mochila negra y la llevé al frente.

Al final de la misa, me dirigí cara la puerta. En la mitad del corredor, el padre me saludó: “Eres nuevo en la comunidad, ¿no? Todos todos los domingos vivimos juntos en la rectoría. Todos asisten. Si deseas puedes venir. Hay patatas y galletas ”. ¿Patatas y galletas? Lo afirmé antes: ¡no he comido dulces en días! (por el hecho de que no podía pagarlo, "primordialmente / primordialmente").

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Después de devorar la merienda, empecé a charlar con uno de los asistentes. Era Doña Marianita, la madre de Mirian, a quien había conocido unos minutos ya antes. Tras compartir ciertas anécdotas (como quién hace los vestidos para la Fracasos Los ecuatorianos, por servirnos de un ejemplo) me invitaron a comer en su casa. Su yerno es danés, con lo que tendría la ocasión de saborear platos locales.

Después de probar lo que recuerdo como cangrejo de río (una suerte de pastel de cerdo) y Bolitas de carne (albóndigas de cerdo y ternera), me afirmó la Sra. Marianita: “Cuando mi hijo mayor era pequeño, asimismo hacía giras por Europa. Cuando retornó, me afirmó que había instantes en los que no tenía nada para comer. En el momento en que te vi sentado tras la iglesia, con tu mochila, me recuerdas a él. De ahí que te invité, por el hecho de que creo que ayudándote asimismo te estoy ayudando… "¿Te imaginas de qué manera me sentí? Lo único extraño fue que no traje una "mochila", sino más bien mi pequeña mochila negra. Corrigiéndolo, se cercioró de que lo había visto, que recordaba cada detalle de él. Yo estaba en silencio. Escojo meditar que era el milagro que precisaba para conocerla.

Como no deseaba preocupar a mi familia, con lo que siempre y en toda circunstancia me culpan, no había comentado mi fallo con absolutamente nadie, con lo que compartir con Doña Marianita lo sucedido fue como quitarme una piedra. Merced a esto, Mirian me prestó una bicicleta (¡aparte de obsequiarme una bolsa de caramelos!). Además del costo del candado de seguridad, ¡ahora podía explorar la urbe sin costo!

Salí con Mirian y Doña Marianita hasta el momento en que se fueron de viaje a Italia. Merced a tu buena acción es que ahora cuando escucho Cualquier cosa puede pasar (Ellie Goulding), Puedo regresar a cuando medré y cuando estaba lleno de paz, ¡mientras que andaba en bicicleta por el Báltico!

Unas semanas después, por fallo (de nuevo), descubrí que, en verdad, el diferencia horaria Había jugado mal: ¡aún tenía la cantidad adecuada de dinero! Al revés, mi cerebro registró menos ceros ... Desde entonces, mi experiencia fue como la soñé, con la única diferencia de que ahora estaba considerablemente más agradecido.

Gracias, Mirian y Marianita; ¡Merced a todos y cada uno de los que vinieron a asistirme en el viaje! Sepa que sus acciones han marcado de forma positiva mi vida y que desde ese momento trato de asistir con exactamente la misma compasión a todo aquel que, como , precisa una mano amiga.

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