De safari por el Ecolodge Juan Solito

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Me sentí como en un programa de National Geographic. Mi mejor amigo y yo en la parte posterior de un campestre modelo mil novecientos cuarenta y nueve haciendo un safari en la mitad de los planos colombianos y a riberas del río Ariporo. Íbamos felices mas deseoso siendo siendo conscientes de estar invadiendo el territorio de pumas, jaguares, caballos salvajes, aves, anacondas y muchos animales más.

Era la primera vez que viajaba con mi mejor amigo, a los dos nos chifla viajar, mas jamás habíamos coincidido para hacerlo juntos. Tomamos un aeroplano de la ciudad de Bogotá a Yopal y más tarde tomamos una camioneta 4×4 a lo largo de más o menos cuatro horas por una vía que parecía llegar a la mitad de la nada. 

Finalmente, llegamos al Ecolodge Juan Solito, un hotel fácil construido en palma con todo cuanto se necesita: camas cómodas, agua limpia, electricidad y buena comida. El Ecolodge queda en el Hato La Aurora, una propiedad privada de más de dieciseis hectáreas que, por su importante tamaño, la familia dueña decidió, en un acto de grandiosidad, declarar una parte como reserva natural.

Como teníamos poquitos días y mucha emoción, decidimos, pese al cansancio, empezar con la primera actividad: un camino en canoa con motor aguas arriba por el río Ariporo. Era invierno, entonces el nivel del agua era alto, su color amarillento obscuro y las corrientes fuertes. Conforme avanzábamos por el río, comenzamos de forma lenta a observar la vegetación y fauna local y a olvidarnos de la anárquica urbe de diez millones de habitantes de la que veníamos.

Paseo en Canoa en Hato La Aurora
Paseo en Canoa por el río Ariporo.

El primer animal que vimos fue el capibara (chigüiro), el roedor más grande del planeta. Andaban en manada y emitían ruidos jocosos al lanzarse al agua. Del mismo modo, vimos diferentes géneros de aves, entre ellas: ibis escarlatas, alcaravanes, gansos, búhos, garzas, mochuelos, garzones, colibríes, etc. Es el destino idóneo para el avistamiento de aves puesto que se han documentado más de trescientos cincuenta especies.

Capibara o Chigüiro en Hato La Aurora
Capibara o bien Chigüiro / Camila Gutierrez

Por la noche, la cena fue acompañada de música tradicional llanera, caracterizada por ser una fusión de ritmos andaluces y también indígenas y por el empleo del harpa, las maracas y el 4.

Al día después, nos montamos en la parte posterior de un campestre, manejado por uno de los hermanos Barragán, los dueños del hato. En este nos adentramos en la reserva natural a vivir un safari colombiano. El recorrido de un día fue, indudablemente, la experiencia más salvaje que he tenido en la vida. Vimos de todo tipo de especies: aves, mamíferos, reptiles, anfibios y también insectos. Entre las aves que vimos nos hallamos a ‘Juan Solito’, un precioso búho sabanero por el que nombraron de este modo el Ecolodge puesto que siempre y en toda circunstancia se sostenía ‘solito’. Ahora, si van al Hato La Aurora, hallarán ‘Juan Solitos’ por montón, ¡una maravilla!

Safari en Hato La Aurora
Safari.
Búho Juan Solito en Hato La Aurora
Búho Juan Solito / Camila Gutierrez
Búhos Juan Solito en Hato La Aurora
Búhos / Ecolodge Juan Solito – Hato La Aurora

Por supuesto, asimismo tuvimos encuentros más apasionantes, como fue el ataque de una pareja de alcaravanes, que planeaban como aeroplanos de guerra y que estaban resguardando su nido. De un instante a otro me hicieron salir corriendo y chillando por toda esa enorme llanura, mientras que mis compañeros de viaje, incluido mi mejor amigo, se reían a carcajadas.

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Pero de las aves que vimos, mi amor eterno va a ser para el enorme Jabiru o bien Garzón Soldado, que adorna y también interrumpe este mar verde y arcilloso, con su espléndida combinación del blanco, colorado y negro. 

También en el camino vimos ciertos cadáveres y restos de animales que nos recordaban exactamente en qué género de territorio estábamos y de quiénes lo habitaban.

El atardecer de ese día tuvo los colores más lujosos que se puedan imaginar, una mezcla de colores cálidos que llenaban la llanura y el cielo. Tonos colorados, rosados, morados, anaranjados y amarillos nos recargaron de energía. Estos estuvieron acompañados de un espectáculo en el aire que unas cuarenta ibis escarlatas nos obsequiaron al llegar al árbol donde duermen. 

Desafortunadamente, o bien por fortuna por el hecho de que me fuerza a regresar al Casanare, no vimos los jaguares por el hecho de que visitamos el Hato en temporada de invierno, cuando se vuelve considerablemente más bastante difícil su avistamiento. No obstante, es de destacar el trabajo que han hecho los hermanos Barragán en lo que se refiere a la restauración del llamado “territorio jaguar”, puesto que este sitio se ha transformado en un santuario para esta especie que se hallaba absolutamente conminada. Es tanto su reconocimiento y avance, en este sentido, hace poco se ganaron el premio Riqueza Natural, apoyado por USAID, como una de las estrategias más esenciales en la zona para la conservación de grandes felinos, sabanas inundables y la convivencia con actividades productivas sustentables. 

Jaguares en Hato La Aurora
Jaguares / Ecolodge Juan Solito – Hato La Aurora

El guío o bien anaconda es muy habitual en esta zona. Lastimosamente el día de hoy quedan pocas, puesto que por muchos años se dedicaron a cazarlas para emplear su piel en zapatos, cinturones, etc. No obstante, en la reserva, con el tiempo van a ir incrementando en número, puesto que la protección de esta especie no va a ser la salvedad.

El último día una tormenta empezó cuando todavía nos faltaba por hacer nuestro último plan. Debíamos salir en tres horas para el aeropuerto o bien perderíamos nuestro vuelo. Aguardamos un tanto para poder ver si la lluvia cesaba, mas no fue de este modo. Fue ahí cuando mi amigo y decidimos que la lluvia no nos iba a detener y que íbamos a hacer la procesión por la reserva natural.  Más de 2 horas estuvimos cabalgando por los planos colombianos, empapados mas dichosos de haber continuado con el plan pese a la lluvia. 

Pudimos tomar el aeroplano y volver a casa sanos y salvos. Felices de haber ido, con añoranza de lo corto que fue y con la sensación de estimar contarle a todo el planeta de este sitio tan increíble que, si bien no figura en los destinos top de Colombia, indudablemente lo es.

Estar tan cerca de tantos animales en su ambiente natural y ver su vida diaria me dejó comprender la responsabilidad que tenemos los humanos por su conservación, y sentí que al ir al Hato La Aurora en Casanare, aporté mi grano de arena a esta causa que, seguramente, proseguiré apoyando mientras que viva. 

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