No hay maña, solo fuerza (cuento de turismo)

no hay mana solo fuerza cuento de turismo

El viaje desde el aeropuerto a la urbe tomó 2 horas. El intenso tráfico de la hora pico detuvo las carreras veloces que pudimos desarrollar con un autobús últimamente lanzado con comodidades que hicieron que cada viaje fuera un placer y en especial cuando hacía cuarenta y cinco grados centígrados afuera y calentamos a unos fantásticos veintitres grados.

Con cuarenta turistas a bordo y cincuenta de maletas, llegamos al hotel justo cuando las páginas cambiaban de turno; uno de se había reportado enfermo y otro estaba ejecutando una orden ejecutiva urgente a unas cuadras de distancia. Incluso de esta forma, el decano de los botones era un hombre de 6 pies de altura que se distinguía por su estructura ósea y muscular; Era obvio que podía hacerse cargo de las maletas del conjunto.

Tan pronto como me bajé del autobús, me hallé con el aspecto serio del paje, que sus amigos llaman "The Hefty". Lo saludé, movió los labios y también hizo una mueca que me hizo sospechar que estaba reaccionando a los míos. Buenos días. Le notifiqué de las cincuenta maletas que había que repartir en todos y cada habitación del conjunto turístico holandés; Dentro de las maletas había pelotas de felpa anaranjadas del tamaño de un bombín que el líder del conjunto utilizaba para identificar el equipaje desde el instante en que salieron de Ámsterdam hasta el momento en que retornaron a exactamente la misma urbe.

Cuando fui a la recepción del hotel con los pasaportes del conjunto, aprecié que "El starky" se desabotonaba las mangas de la camisa. El hombre se encaró a una labor afín a la de edificar un muro con ladrillos de treinta libras. Cuando supe que 2 de sus compañeros no estarían con él a lo largo de toda la operación, imaginé que sus pensamientos fraternales no serían realmente agradables.

En no más de treinta minutos todas y cada una de las maletas fueron entregadas a las habitaciones de los turistas y cuando salí del hotel con una misión cumplida, aprecié el estado de mi amigo "The Hefty": aún tenía las mangas de las camisas colgadas, el La corbata estaba desalineada a fin de que el hombre pudiese respirar mejor, la falda de la camisa de su lado derecho estaba afuera y el pelo, una vez peinado realmente bien, estaba desorganizado, mostrando la calvicie de la parte trasera de la cabeza y un largo rizo cayendo sobre los ojos. . No sabía si reírme de la imagen tragicómica o bien sentirme culpable por la misión azarosa que le asignó mi conjunto de turistas.

Creo que a partir de ese día, toda vez que "El Heftig" llegaba al hotel con turistas, me lanzaba dagas, cuchillos, machetes y espadas con la mirada.

Durante la época baja, mis conjuntos eran pequeños; La mayor parte eran conjuntos familiares de 3 a 9 personas como máximo, con lo que un solo botones podía desplazar de forma fácil 3, 5 o bien 9 maletas, sostener la ropa ordenada y el pelo plano.

Pasados ​​unos meses, la época alta asimismo mostró su olfato y el ritmo de las actividades turísticas. Los conjuntos se hicieron más abundantes y sin importar lo más mínimo la cantidad de maletas, la bandeja de piso de 3 botones con portaequipajes y a veces, si era preciso, con la ayuda de uno o bien 2 camareros o bien jefes de mantenimiento, se ocupaba de todo el equipaje. y otros acontecimientos.

Un sábado de noche, en el momento en que un vuelo se retrasó más de 4 horas en el punto de partida debido a inconvenientes climáticos, mi conjunto de turistas decidió que sería mejor cenar en un restaurant cerca del aeropuerto ya antes de dirigirse al hotel. El alimento a bordo del aeroplano no fue suficiente para todos. Bastaba verlos a todos de ellos para comprender que una bandeja de comida como la que sirven las compañías aéreas no les alcanzaba: el más pequeño de todos medía metro ochenta, todos grandes o bien gorditos, no solo músculos, sino más bien asimismo vientres protuberantes. .

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Treinta turistas podían admitir una maleta para todos, con lo que no más de treinta maletas en conjunto, sin contar el equipaje de mano que cada persona lleva frecuentemente con su mano. Este conjunto era diferente: además de esto de las treinta maletas de objetos personales que todos llevaban, su forma y peso las hacían de tamaño prácticamente cúbico. Todos estos bultos eran negros y muy pesados.

Felices con el conjunto, pues después de la cena se aplica realmente bien el dicho "Full Belly Happy Heart", proseguimos cara el hotel para llegar alrededor de la medianoche.

"El Hefty" sabía que todavía faltaba la llegada de un conjunto de treinta turistas al hotel y como sus compañeros, que eran Compadres, tenían un acontecimiento familiar al que todavía podían llegar, admitió de forma fácil que se irían ya antes de la hora de salida y se ocupó de ello solo alrededor del conjunto.

El nuestro fue automático. Nuestros ojos, cansados ​​por la hora tardía, se hallaron como 2 vaqueros del Lejano Oeste en un duelo. Saludé al paje y recibí el ademán frecuente, mas asimismo una pregunta. El hombre me preguntó cuántas maletas habría que descargar y poner en las habitaciones. Era una pregunta que recibiría una contestación asoladora, y esta no es una palabra que adorna la metáfora, sino más bien la verdad. El hombre sería derruido si se enterase de que habíamos venido con treinta maletas que todos conocemos o bien podemos imaginar; No obstante, había otros treinta bultos, todos negros, todos cúbicos y todos pesados. Cualquiera que conozca equipos de buceo sabe que ya antes de bucear hay que ir a un gimnasio a levantar pesas: 2 botellas de oxígeno de 12 litros cada una, más un traje de buceo, ancas de rana, plomos para tobillos y cintura, reguladores, etc. ... todo puede pesar por lo menos sesenta kilogramos. Como deseaba ser afable en el aeropuerto recogiendo un montón de , proseguí intentándolo. El dueño del equipo me sonrió y me afirmó que "Los grandes se encargarán de eso", basado en los compañeros de equipo más altos y fuertes del conjunto que liderarían el equipo.

No era el instante, era la agonía de ver al botones descargar el equipaje y después repartirlo por las habitaciones lo que me hizo salir del hotel por una puerta lateral. El líder del conjunto me afirmó que regularía todo pues charlaron con todo el conjunto esa noche ya antes de irse a dormir y partir cara la costa por la mañana.

No sabía en qué momento y de qué manera acabó “El hearty”, si bien me imagino que fue derruido la noche del conjunto de buceo.

Algún tiempo después escuché a través de la voz de otro guía turístico que "El corazón" ya no trabajaba en el hotel. Con sus ahorros se adquirió un auto pequeño y trabajó como taxista. Se aseguró de que su taxi tuviese un maletero suficientemente estrecho para no llevar más de una maleta y decidió no transportar jamás a un buzo.

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